Mundo de ‘hombres-niños’ y ‘niños-hombres’

Mundo de ‘hombres-niños’ y ‘niños-hombres’

Para la mayoría de los seres humanos la niñez es la mejor etapa de la vida. Es la época de los imaginativos juegos, de las risas y las alegrías sinceras, de la saludable energía sin cansancio, de la inquieta e inocente curiosidad, del descubrimiento del mundo.

No obstante en las dos últimas centurias ha ocurrido un doble fenómeno en la sociedad humana que bien vale analizar en cercanías de este Día de los Angelitos: el mundo se ha llenado de ‘hombres-niños’, por un lado, y de ‘niños-hombres’, por el otro. Para no caer en ambos extremos y de vivir a plenitud en la etapa de la vida que nos corresponde, bien vale la pena recordar lo que Neruda sabiamente reflexionaba acerca de que “el niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.

Los ‘hombres-niños’. En el pasado siglo XX empezó a observarse, por razones inexplicables, una especie de infantilización de la sociedad, aspecto sociológico que aún persiste y que fue bautizado hace décadas por el pensador italiano Giovanni Papini como Paidocracia, que pasó a remplazar a la tradicional Gerontocracia.
En esta sociedad de hombres-niños los gustos de la infancia se han convertido en los de la mayoría de los adultos. Muchos de ellos y ellas ya crecidos tienen miedo al paso de los años y quieren parecer jóvenes.

En nuestra sociedad manda el cuerpo pues predomina el baile, el juego y los concurso de habilidades y belleza somática. En este sentido, muchos mayores infantilmente compiten y hacen pataletas como niños rivalizando en ser los primeros en asuntos laborales y sociales. Cantidad de adultos trabajan y dedican muchas horas del día en cultivar el cuerpo y realizando actividades en que no utilizan el pensamiento racional adulto, si no los aspectos físicos e irracionales que tomamos prestados de la primera infancia.

La búsqueda permanente de la diversión y el placer y la incapacidad de soportar el dolor. La inmadura falta de futura previsión por sólo pensar en el presente. Las obras de teatro y las pinturas no son más que imaginativas producciones lúdicas suelen parecer comunes comportamientos regresivos. Los computadores, la televisión, el celular y hasta el automóvil parecen ser traviesos juguetes en manos de los hombres-niños en busca de recuperar fantásticas sensaciones de su infancia perdida.

Un magno ejemplo de este fenómeno es el que se ha bautizado últimamente como ‘adultescencia’, el cual en Estados Unidos se conoce como kidults y los expertos también le dado por llamar ‘síndrome del nido ocupado’. Son adultos entre 23 y 40 años, prósperos y exitosos laboralmente, que persisten en seguir siendo solteros, vivir con sus padres, negándose a asumir responsabilidades ni aportar dinero para el sostenimiento de la casa, pues sus ingresos se los gastan en ropas de marcas, videojuegos de entretención y sofisticados aparatos tecnológicos.

Se niegan a crecer. Son niños con billeteras que nunca quieren abandonar el ‘hotel papá y mamá’. Sus gustos son infantiles y egocéntricos, están pendientes de programas, juegos y películas de niños y no de asuntos de adultos. Andan a toda hora con camisetas juveniles y se divierten con amigos de sus épocas del bachillerato. En síntesis los ‘adultescentes’ son seres que se refugian en sus comportamientos infantiles pues temen independizarse y enfrentarse a la vida adulta, a relaciones serias y las obligaciones de un hogar adulto.

De todas maneras hay que rescatar, si no se llevan a esos extremos, el lado bueno y positivo de ese fenómeno rejuvenecedor del cual se ha impregnado nuestra sociedad actual, reconociendo la insistencia en incorporar a nuestras vidas la frescura de cultivar hábitos saludables, la oxigenación de hacer deportes, la reconquista del ocio y lo lúdico, la revalorización de la alegría, el entretenimiento y la leve superficialidad en aras de quitarnos de encima la grave seriedad y solemnidad que da la trascendental vida adulta. El problema es que en ese proceso no se termine privilegiándose el hedonismo y la comodidad por encima del trabajo duro y la responsabilidad a largo plazo.

Los ‘niños-hombres’. En segunda instancia, y de forma simultánea a esta infantilización de la sociedad, también se ha palpado un fenómeno inverso: la adultificación de la niñez, es decir la precoz adquisición de rasgos adultos en muchos chicos. Diversas circunstancias vitales, algunas placenteras y otras dolorosas, provocadas voluntaria o involuntariamente por adultos, producen el efecto ya sea de dejar fijados en la infancia o el de no dejar a los infantes vivir el hermoso privilegio de ser niños.

En muchos niños-hombres se han acelerado las etapas de desarrollo debido a una serie de influencias de tipo hormonal, social y tecnológico. Son innegables los efectos de la alimentación, el inmediatismo tecnológico de la información o de los medios masivos de comunicación y las condiciones y pautas sociales de crianza en la aparición prematura de aptitudes, tendencias emocionales y conductas que antes aparecían en épocas posteriores del desarrollo humano. Por un lado hay familias en que a los pequeños se les cría y se les trata como mayores. Un par de ejemplos es que las niñas sean vestidas y maquilladas como mujeres ya formadas y a los niños se les deje asistir a eventos sociales propios de personas de mayor edad.

Pero para gran parte de nuestra población infantil en Colombia esta etapa tiene un significado contrario. Todos los días las noticias de prensa nos indican que para muchos infantes ésta es una época de tristezas, de infortunios, de hambre, de agresiones violentas que los llevan a hospitales, de abusos a su intimidad, de pérdidas irreparables, de infelicidades y de carencias innombrables. En incontables lugares del mundo existan millares de menores de edad desprotegidos que les toca trabajar para poder subsistir y ayudar a sus empobrecidos padres. Otros tantos, ya sea por abuso sexual, abandono o maltrato psicológico, físico o verbal de sus padres, profesores y demás mayores, maduran a la fuerza saltándose vitales fases en su normal evolución física y mental.

Todos estos niños-hombres no juegan, no se divierten, no fantasean pues adquieren precozmente la seriedad adulta en su carácter, lo cual es propio de las personas que les ha tocado enfrentarse antes de tiempo a las duras realidades de la vida.
Gran cantidad de estas criaturas quedan predispuestas a tener una adultez difícil al ser víctimas de negativos ejemplos, y pésimas compañías arriesgándose a caer pronto en las garras del alcohol, la drogadicción, la pornografía y la prostitución infantil o caer en las redes de grupos juveniles socialmente desadaptados. Una vida frustrada.

En conclusión, vivamos cada etapa de nuestra vida de manera plena y sin evasiones. Pero prioritariamente no les quitemos a los niños la alegría de vivir su maravillosa infancia. Hoy más que nunca, es nuestro compromiso como adultos el defenderlos, el protegerlos, el denunciar atropellos y abusos contra ellos. El buscar espacios para que ellos jueguen y se diviertan como todos los demás niños de su edad, ya que como decía el célebre obispo Dupanlou: “todo joven que no juega es porque tiene una espina en el pie… o la tiene en el corazón”.

Por Roque Herrera Michel
Especial para EL HERALDO

de deporteyocioudec2011

Un comentario el “Mundo de ‘hombres-niños’ y ‘niños-hombres’

  1. este articulo es muy impactante pero cierto que es un problema muy importante que nos afecta a todos y se esta extienden lo mas rápido de lo que creemos cabe destacar que oda persona en la actualidad le gusta estar arreglada estéticamente pero el problema no es ese si no la obsecion de parecer así ademas cabe destacar que los últimos 20 años la infancia es decir los niños se han venido exponiendo a cambios culturales y sociales radicales que afectan su parte psicológica y emocional y que como consecuencia puede generar problemas sociales o familiares. hay personas adultas que quieren parecer niños o mas jóvenes aparentando lo que no son o fingiendo que lo son;por ejemplo no es malo que un adulto le gusten programas de televisión para niños es bueno porque le permite salir de la rutina a la que esta acostumbrado pero esto es una cosa y otra es llegar a ser obsesivo lo mismo ocurre con los niños que quieren parecer adultos aparentando y fingiendo lo que no son esto va afectar su desarrollo emocional y psicológico ademas en ocasiones esto inhibe el correcto desarrollo a nivel social y cultural en una comunidad.

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