La rehabilitación del accidente cerebrovascular mediante el ejercicio físico

La rehabilitación del accidente 

cerebrovascular mediante el ejercicio físico

  *Aspirante a Doctor en Ciencias de la Cultura Física

**Profesora principal de la disciplina Cultura Física Terapéutica

Universidad de Ciencias de la Cultura Física

y el Deporte “Manuel Fajardo”

(Cuba)

Lic. Adinex Leandro da Costa*

Dra. C. Ana Pascual Fis**

Lic. Ludvik Amaral Vera Cruz*

apascual@inder.cu

 

 

   

Resumen

El presente material constituye una guía de orientación para la rehabilitación de personas que han sufrido un accidente cerebrovascular mediante el ejercicio físico, se describen las principales características de la enfermedad como las actividades a realizar en distintas fase evolutiva de la recuperación motora para minimizar la magnitud del déficit neuromotor y propiciar una mejor recuperación en el proceso de rehabilitación física.

          Palabras clave: Rehabilitación física. Accidente cerebrovascular. Ejercicios físicos terapéuticos. Apoplejía. Ictus. Salud.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires – Año 16 – Nº 156 – Mayo de 2011. http://www.efdeportes.com/

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Introducción

Desde tiempos antiguos, Hipócrates -reconocido como el padre de la medicina, hace más de 2,400 años- identificó y describió el accidente cerebrovascular (ACV) como “el inicio repentino de la parálisis”. Cierto es que en español, el (ACV) es conocido popularmente por múltiples nombres: infarto cerebral, trombosis, embolia, derrame cerebral, hemorragia cerebral, apoplejía, Ictus y enfermedad cerebrovascular, lo que origina una gran confusión en cuanto al concepto y la diferenciación entre sus diferentes tipos. (6)

La incidencia de estos ACV aumenta en forma dramática con la edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la supone la tercera causa de muerte y la primera de invalidez en la población adulta mundial y se estima que 4.5 de los 10 millones de muertes anuales por estos motivos pertenecen a los países no industrializados, un tercio de las personas que sobreviven quedan con secuelas invalidantes y hasta un 25% de ellos presentarán posterior al ictus un deterioro cognitivo (6).

Los sobrevivientes de un ACV deben enfrentarse a una variedad de problemas mentales y físicos, según la gravedad del daño cerebral, la mayoría de ellos pueden mejorar su calidad de vida mediante un proceso de rehabilitación consecuentemente planificado (8). De hecho, todo individuo con una afección aspira a su rehabilitación, lo que en muchos se logra con tratamiento médico y en otros requiere de procedimientos técnicos especializados de otras ramas de la ciencia afines a la medicina, como es el caso de la Cultura Física Terapéutica.

Entre los medios de la Cultura Física Terapéutica, los ejercicios son los que se emplean con mayor frecuencia con fines terapéuticos, para la activación del trabajo muscular debido a su significación biológica, fisiológica y psicológica en la vida del hombre. La rehabilitación por medio de los ejercicios físicos ayuda a los sobrevivientes de un accidente cerebrovascular a reducir su dependencia de sus cuidadores y mejorar su calidad de vida. La clave de una rehabilitación exitosa incluye la actitud de la persona afectada, la destreza del equipo de rehabilitación y del entorno social (la cooperación de los familiares y amigos). (6)

Caracterización clínica del accidente cerebrovascular

Concepto

El accidente cerebrovascular es cualquier trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción del flujo sanguíneo a una parte del cerebro o a la rotura de una arteria o vena cerebral.

Clasificación

Según su etiología, un ACV tiene dos variantes, isquémicos y hemorrágicos.

Un accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando una arteria que suministra sangre al cerebro queda bloqueada, reduciendo repentinamente o interrumpiendo el flujo de sangre y, con el tiempo, ocasionar un infarto en el cerebro.

Un accidente cerebrovascular hemorrágico ocurre cuando se rompe una arteria en el cerebro, y la sangre pasa al tejido circundante perturbando no sólo el suministro de sangre, sino el equilibrio químico delicado que las neuronas requieren para funcionar.

Síntomas de un ACV

Aún cuando un accidente cerebrovascular ocurre en los lugares recónditos del cerebro, los síntomas del mismo son fáciles de detectar. Entre éstos figuran los siguientes (8):

Entumecimiento o debilidad repentina especialmente en un lado del cuerpo, confusión mental repentina, problemas con el habla o la comprensión, alteración repentina del campo visual, dolor de cabeza severo repentino sin causa conocida, déficit sensitivo de distintos tipos, problemas repentinos con equilibrio y coordinación y dificultad para articular palabra.

Clasificación de los factores de riesgos

Los factores de riesgos de ACV se clasifican en, factores de riesgos no modificables y factores de riesgos de estilo de vida modificable.

No se puede actuar sobre los factores de riesgos no modificables como la edad, el sexo, la raza y la predisposición genética.

Por otra parte, se puede actuar sobre los factores de riesgos de estilo de vida modificable más importantes como la hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, la diabetes mellitus, los niveles elevados de grasas, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo, la obesidad, la vida sedentaria, las drogas, etc.

Incapacidades

De acuerdo con la región donde haya tenido lugar el desarreglo circulatorio pueden originarse defectos, motores, sensoriales, problemas del habla, déficits cognoscitivos y dificultades emocionales.

El déficit cognoscitivo resultante de un accidente cerebrovascular puede ocasionar problemas de raciocinio, conciencia, atención, aprendizaje, hacer juicio y memoria.

El déficit de lenguaje se expresa a menudo en problemas para comprender o formar frases.

El déficit emocional está relacionado con dificultad para controlar emociones, el paciente puede expresar emociones inapropiadas en ciertas situaciones.

El déficit sensorial comprende las sensaciones como el dolor, entumecimiento incómodo o sensaciones extrañas, que pueden deberse a muchos factores, entre ellos, daño de las regiones sensoriales del cerebro, articulaciones inflexibles o una extremidad incapacitada.

El déficit motor es una incapacidad común que resulta de un accidente cerebrovascular que puede causar la parálisis o la paresias (debilidad en el cuerpo). Tanto la parálisis como la debilidad pueden afectar sólo a la cara, un brazo, una pierna, o puede afectar a todo un lado del cuerpo (hemiplejía; hemiparesia), y a la cara. Una persona que sufre un accidente cerebrovascular podrá presentar problemas con las actividades diarias más simples, tales como caminar, vestirse, y utilizar el cuarto de baño, así como presentar problemas en comer y tragar, llamados disfagia. Hasta ahora no se ha determinado que las drogas y las intervenciones quirúrgicas sean de gran utilidad, sin embargo ya se ha podido demostrar cierto grado de reeducación de la función motora en casi todos los pacientes bajo terapéutica de rehabilitación mediante el ejercicio físico.

La rehabilitación física tiene un papel protagónico en la valoración y cuidados de las personas con déficit y discapacidades consecuencias del ACV, pues constituye una parte integral en los cuidados y recuperación funcional de los pacientes, y debe comenzar tan pronto como las condiciones de estos lo permitan.

La rehabilitación mediante el ejercicio físico

La rehabilitación de secuelas motrices de accidente cerebrovascular mediante el ejercicio físico, debe comenzar a partir de las 24-48 horas del ictus, justo en el momento de la instauración de las complicaciones motoras. En la fase aguda de la enfermedad se debe comenzar con el tratamiento postural (alineación de la cabeza y cuello, hombro con soporte, supinación del brazo, semiflexión discreta de rodillas y tobillo a 90º) cambios posturales, masajes circulatorios, movilizaciones pasivas y facilitación para el movimiento activo. En la fase subaguda se trabaja en el control de la espasticidad, el desarrollo del equilibrio y la reeducación neuromuscular.

Para planificar los objetivos del tratamiento rehabilitador tras un ictus es necesario conocer el pronóstico funcional del paciente. Es imprescindible tener presente el estado mental del paciente y el interés por alcanzar la recuperación, pues resulta de suma importancia que él participe de forma activa en la terapia.

El objetivo de la terapia física es lograr que el paciente reeduque las actividades motoras, como caminar, sentarse, ponerse de pie, acostarse y el proceso de cambiar de un tipo de movimiento a otro; así como minimizar las repercusiones personales, familiares y sociales del ictus, hasta un nivel lo más parecido posible a la situación premórbida.

Tratamiento de las parálisis flácidas

Debido a que en las parálisis flácidas se detecta una alteración más profunda del trofismo, los medios terapéuticos no sólo deben estimular los impulsos neuromusculares, sino también influir considerablemente en el mejoramiento de la nutrición tisular de la extremidad parética, pues es necesario ante todo, emplear el masaje, donde su aplicación debe ser profundo (empleando malaxaciones, vibraciones y golpes) para contribuir al desarrollo del impulso nervioso activo. Esta técnica debe acompañarse de una gimnasia pasiva que ejerce una influencia directa sobre la piel, los nervios periféricos, los vasos sanguíneos y linfáticos y los músculos”. De presentarse dolores durante el masaje es necesario emplear el método vibratorio. Los ejercicios pasivos también contribuyen a la recuperación de los movimientos activos de las formas flácidas de parálisis.

A diferencia de las parálisis espásticas, los movimientos pasivos se realizan sin tensión de las extremidades, y los de las articulaciones se pueden ejecutar libremente, e incluso, en algunos casos, es posible que sean algo desmandados ya que el tono muscular se encuentra considerablemente reducido y los músculos se hacen flácidos.

Al manifestarse algún impulso activo al movimiento es necesario mantenerlo aumentando gradualmente la reacción motora, en posiciones óptimas que faciliten la ejecución del movimiento, así como ejercicios con ayuda, eliminando la fricción y la influencia del propio peso de la extremidad parética (utilizar correas, hamacas o el apoyo del especialista).

Un aspecto muy importante en la rehabilitación de los enfermos es la recuperación por parte de ellos de los hábitos de vida: encender la luz, emplear los útiles de cocina y los objetos de uso domésticos. Por eso en el gabinete de la terapia física es conveniente tener diferentes utensilios que contribuyan a la recuperación de dichos hábitos.

También es importante recordar que la rehabilitación social y habitual, es decir, la recuperación de la capacidad para el autoservicio, es el nivel inicial de la readaptación social del enfermo.

Tratamiento de la espasticidad

La parálisis espástica constituye para los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular una secuela motora importante, y está presente en gran parte de los pacientes que han sufrido un ictus incluso en los que se han recuperado de él.

La espasticidad disminuye conforme aumentan los movimientos voluntarios, pero el reflejo de estiramiento persiste elevado, a pesar de una recuperación total.

El tratamiento de la espasticidad se dirige usualmente a prevenir las deformidades, a la inhibición del tono, el mantenimiento de la longitud de las fibras musculares, la elongación de los tejidos acortados por posiciones prolongadas, lograr la relajación muscular y la disminución del dolor.

La rehabilitación física de enfermos con espasticidad, incluye el tratamiento mediante movilizaciones pasivas y técnicas de facilitación neuromuscular, contribuyendo a que se normalice el tono muscular y reaparezcan movimientos activos en las extremidades afectadas, el terapeuta debe recordar que las excitaciones bruscas de los músculos que participan en la actividad por medio de movimientos en forma de golpes, así como por compresión sobre las articulaciones, pueden ocasionar una respuesta refleja a modo de contracción fuerte de estos, lo que obstaculiza la ejecución del movimiento en cuestión. De estos se deduce que los ejercicios pasivos deben ejecutarse suavemente, sin alones ni golpes, sin comprimir las articulaciones, ni distender los músculos y tendones.

Recuperación funcional

Algunos pacientes se recuperan tanto que llegan a emplear la mano y su marcha es casi normal. En esta etapa la espasticidad siempre es leve. Sin embargo, ciertos pequeños movimientos localizados no se pueden realizar. Las extremidades se mueven demasiado en conjunto, y faltan los movimientos intrínsecos. Por lo tanto, el tratamiento estará orientado hacia la obtención de movimientos todavía más localizados, más finos y más aislados, para ello se emplea los ejercicios para entrenar la postura, mejorar la movilidad articular, mejorar el equilibrio y la coordinación, fortalecer la musculatura fundamentalmente los segmentos corporales afectados y perfeccionar la realización de tareas de la vida diaria. Es importante mantener algunos tratamientos de las fases anteriores mientras el paciente los necesite, para mantener los niveles de recuperación obtenido en las dichas fases.

Conclusión

El ejercicio físico como base de rehabilitación física de personas con accidente cerebrovascular debe realizarse lo más pronto posible y adecuadamente planificado para favorecer a la reincorporación del enfermo a la vida social activa con el máximo provecho de sus potencialidades.

de deporteyocioudec2011

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